Mural que homenajea la lucha por la igualdad de género, financiado por la Fundación Antonia Guerrero. Plasma la filosofía de Antonia Guerrero, esteponera que donó a la ciudad su herencia para facilitar el acceso de las mujeres con pocos recursos a la educación. La pintura representa a dos figuras que se encuentran en total comunicación, por un lado una mujer, que encarna a Antonia Guerrero en su juventud, la cual mira en su interior y sueña con poder estudiar y sentirse realizada en este ámbito, y por otro lado aparece un jilguero que simboliza sus deseos de libertad. El mural tiene ocho metros de altura y un estilo romántico, utilizando una amplia paleta de colores de gran viveza para trasladar el afán de superación y la vitalidad de esta luchadora.
Autor: Francisco Alarcón
